El Calderón estaba en ascuas, la camiseta de la discordia y un Barça que estaba borrando al At. Madrid, hacían temer lo peor a los dirigentes. Fruto de la semana de crispación. Esa misma en la que vive cada partido en el Calderón su afición con el equipo, con los jugadores y el entrenador. Sin embargo, por mucha crispación y decisiones de las personas que se mueven alrededor del fútbol, éste depende siempre de los designios del balón, y por ahora, éste, lo manejan los jugadores, que es a quien realmente pertenece este deporte. Por eso la importancia del Kun. Solito se bastó para tumbar al Barça, calmar a la afición en la semana de la camiseta, y dar respiro a los dirigentes atléticos. Todo en un partido. Allí donde deben ocurrir las cosas: en el campo de fútbol.
Quizás es el cuarto gol del Atlético el que debería presidir esta entrada, pero es ese amago a Milito lo que determina el resultado de ayer en el Calderón. Algo que demuestra, que por encima de todo está el deseo de un jugador, Aguero, que vive por este deporte, que no atiende a otra cosa que a una pelota y una portería, y que en ese regreso a la esencia del fútbol, que periodistas y dirigentes tratan de convertir en una verbena, salvó del posible desastre a su equipo. Sus cuatro detalles, fueron cuatro goles, y otra vez más, el fútbol, como juego y deporte, permitió que la caída del fútbol como negocio, fuera sobre un colchón. Así es todo, cuando los jugadores mandan nadie se acuerda de los errores pasados, al menos durante un fin de semana.
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